Anoche tuve un sueño. Ligeramente distinto al de Martin Luther King.
Había trasiego. Hacíamos un viaje o algo parecido. Quizá esperábamos para entrar a un hotel, quizá alguien iba a hablar en público; no lo recuerdo muy bien.
Mi amigo Joaquín, vuelto ya de ver la F1 en Cataluña, me exigía que fuera a entregarle una cosa a su hermano, el cual trabajaba en una especie de edificio del gobierno. Algo así como un edificio administrativo, mitad hotel rústico con cantina, mitad discoteca. De hecho, había gente allí que iba a tomar las copas por la noche.
En el sueño, el impaciente Joaquín olvidaba darme datos precisos sobre dónde encontrar a su hermano entre tanto pasillo, pasadizo, escondrijo, etc, que ya sabéis cómo son los sueños.
Pues eso, ahí me econtraba yo. Perdido en un edificio de la administración pública con bonitas camas de matrimonio, cuando paso por el espacio dedicado a bar de noche y me encuentro a una chica, llamémosla "Tasca universitaria", con una amiga suya y tonteando con dos maromillos, rufianes del calibre de Melendi o payasos similares. En ese momento me asalta la convicción de que suele hacer eso cada noche, en miles de locales distintos, con cientos de maromilos parecidos, nuestra amiga Tasca.
A partir de entonces no podía olvidar la visión del ligoteo. Y yo pensaba. Y yo recorría el edificio sin dar con el hermano de Joaquín. Y caminaba, y me perdía, y entraba por un pasadizo, y salía por una habitación repleta de colchones que impedían el paso, y todo era un hotel de montaña, con preciosos archivadores de madera y oscuras salas vacías, frías.
En un vago momento me asalta una de esas convicciones oníricas, una certeza súbita delirante, una fuerte intuición: son Los Que Ponen las Cosas. Ellos me hablan y me dicen que Tasca no es sino un monigote al que colocan para hacer la vida más agradable al millar de Melendis que pueblan la Tierra. Cada noche aparece en un sitio distinto del mundo, en todos a la vez, cada noche hace vibrar a alguien distinto, a muchos al unísono. Al día siguiente no queda ni el recuerdo, sólo una buena y fresca sensación: galán caminando en antiguo anuncio de Paco Rabanne.
Los Que Ponen las Cosas son unos mandados, un grupo de seres que organizan lo que Dios ha creado. Yo no los veo, pero los oigo en mi cabeza y sé de su existencia sin sorprenderme lo más mínimo. Ellos me han dado la certeza súbita delirante. Y entonces, sin más preámbulo, me colocan a Tasca subida a una rústica mesa de madera, con el culo en pompa, la corta faldita levantada, y un jugoso parrús en mis barbas. Yo no debo hacer otra cosa que merendarlo.
Y así se acabó mi sueño. Mi bonito sueño de final ordinario. Como la vida misma.

Los Que Ponen Las Cosas... el "equipo de ajuste"...
Sí, efectivamente. Algo así.
Sublime. Pero, entonces ¿le tienden una trampa al de asuntos internos?
Tú sueñas cosas muy raras, ¿ein? Aunque si me pongo a contar yo... XDD.
Besinhos from Anita B.
Son los calores Anita. Aunque los sueños son peores cuando has cenado pepinillos, caracoles con un poco de picante o chile -peores o mejores, según se mire-. También con alguna borrachera o algún colocón, y, por supuesto, las dos noches después, cuando "no tienes".