Al parecer, he sido algo críptico en el "post" anterior, a la vez que insultante de manera gratuita, así que, a continuación, voy a dar una breve explicación o justificación.

No sé que ha hecho la Iglesia exactamente en España. He oído comentarios de familiares, a favor y en contra; he participado en colectivos de la izquierda radical con profundo sentimiento anticlerical -que es, precisamente, lo que más ha abundado en este país-, paradójicamente engrosados, en tiempos de la guerra civil, por gente de gran interés religioso hastiada de los abusos de los curas; mi familia ha tenido que pagar caro hacer tratos con "kikos", pues al final hicieron gala de eso de lo que me acusa Iraia: un comportamiento anticristiano.

¿Qué ocurrió después de esto? Solamente que renegué con más fuerza del racionalismo barato que inunda las mentes de esta sociedad ingenuamente positivista, que pretende que en algún momento futuro podremos atajar los males por medio de algún esquema racional-científico redondo y prefecto. El ateo de pueblo, en tres palabras. Pero recordad, en el futuro no dejará de haber chiquitos de la calzada, bertines osborne, "hítleres" o "darth váderes"

En cualquier caso, al decir al comienzo que había sido insultante, me refería justo al comeinzo del "post", al improperio contra el ateo. Sencillamente me gustó al pensarlo y lo escribí. Yo no odio a los ateos. Yo no odio a mi padre, solamente creo que encuentra placer al poner verde a la Iglesia, incluso cuando utiliza argumentos al estilo de Feuerbach, totalmente desfasados y carentes por completo de algún apoyo científico -léase científico como proposiciones observacionales y verificables, por que sí, todavía me trago cierto matiz del verificacionismo-.

No se puede ir "de bandurrias".

Es posible que Max Weber también se haya quedado atrás -es posible no, seguro-, pero al leerlo también me coloqué en contra de lo que él describió como secularización, de la racionalidad, el funcionalismo de la burocracia y la ausencia de sentido moderna. Yo no quiero ausencia de sentido y recurro a Dios. Si los hay que no la quieren y recurren a la racionalidad es cosa suya, yo no creo que eso sea correcto.

Luego vino el Mito, y llegué a comprender la importancia de éste contra la ineficacia de las Utopías. Del mito no se tiene esperanza ninguna en que se cumpla. Elimina el aspecto ingenuo de la utopía. Es un motor, a la vez que cumple el papel del axioma -tanto entendido como Aristóteles o Euclides: un principio que se adopta por pura autoevidencia e indemostrabilidad; o como en la ciencia moderna: un postulado convencional del que partir para elaborar un sistema-. Yo asumo que hay un terreno elemental -en nuestra posición vital- en que el mito es lo divino. Y todavía conservo un mito radical de izquierdas: el de la Huelga General, pero no el de la clase trabajadora, que hoy en día -yo no sé certeramente si antiguamente lo fue- es una caterva de ganapanes embrutecidos por la televisión, los teléfonos móviles y el MSN, incapaces de pensar en otra cosa que engordar la panza los domingos en las pizzerías y confiterías de barrio. Y lo que más me jode es que pienso esto por tener concepciones burguesonas bailándome en el "celebro". La clase trabajadora ya no tiene conciencia de nada, su cabeza es una tele bien gorda -mira Cronenberg, aquí tienes tu Videódromo de las narices-. Y la naturaleza está hecha una porquería, pero no hay que dejar de intentarlo.

Pero si la Iglesia ha sido desmesuradamente poderosa en España, también sé que ha dedicado esfuerzos a los pisoteados, a la gente que no tiene un carajo. Yo he visto a gente que ha ido a trabajar voluntariamente en un horfanato dirigido por monjas. He oído hablar de misiones en uno y otro sitio, maltratando o ayudando a la población. Hay un sinfín de ejemplos, unos evidencia unas cosas y otros otras -perogrullo (con acento inglés)-, lo que hace tener las cosas a este respecto, al menos, no tan claras. Han llamado a amigos míos "fachas" por criticar una dictadura socialista y estalinistas por considerar favorablemente la revolución soviética. Es muy adecuado subirse al carro de las críticas a la Iglesia. Pero yo hablaba de cristianismo, es decir, un corpus ideológico o, más bien, de la relevancia de lo espiritual.

Existen cosas en las que yo pongo toda mi fe. Las intento hacer con toda mi buena intención. Y oigo después a los voceras murcianos. Cómo se lo toman todo a la ligera. Aquello que transcribí una vez: "con tan buenas intenciones empezaron y acabaron tan mal". Tanto pusimos y nos lo tiraron a la cara.
Tan burdas valoraciones de lo que hace uno, tan injusto. Desde que eres un inmaduro, un irresponsable, hasta... pues no sé. Hasta cualquier sitio. Imperativos sobre trabajar duro, porque si no no conseguirás nada, para más tarde ver "con estos ojíbiris que Dios me ha dado" cómo la gente, a partes iguales, trapichea y consigue sin sudor todo lo que quería o se emplea a fondo y por fin sale a flote. No sé si creer en Dios puede ser motivo de mofa o prejuicios de posguerra, pero hablar de la moral del esfuerzo y el trabajo por que si no... ¿si no qué? En serio, ¿qué?

Uno de mis problemas es la ira. Odio. Odio con mucha fuerza y, por supuesto, luego entiendo que hago mal. Muy mal. ¿Por qué? Pues por todo lo que ya os he contado. Porque, al ser cristiano, entiendo necesaria la comprensión y el amor (Dios, no soporto hablar de mí en estos términos en público, menos en un "blog", pero creo que esto lo exige). Por esto entiendo que el infierno es el odio -esto da para una buena conversación-, y el cielo debe ser perdonar. Es así de sencillo. Y, oportunamente y porque no soy un bobo, pido el perdón para todos nosotros, no vosotros. En ningún momento he hecho a Dios responsable de nada de lo que he hecho -creo-.

Desde la racionalidad nos viene detrás, el "post" origen de esto debe entenderse como literatura, como un discurso literario, vaya, con sus énfasis, su eco apocalíptico de baratillo y su fondo humorístico-rockero (el de la foto es Screamin' Jay Hawkins, que recomiendo a todos, autor de la legendaria "I put a spell on you"). Mi objetivo no eran los ateos, sino los simplones de la huerta, los tontucios, los pobres de espíritu que no tienen un ápice de moralidad, porque dos cosas soy, beligerante y expeditivo. Ser cristiano no debe ser ningún tipo de laxitud moral ni aquiescencia. Lo del infierno, vuelvo, es más una agresiva licencia poética.

Y esta es mi visión del cristianismo. Procuro hablar poco de ella porque lo conservo como algo más íntimo. Mis intereses intelectuales en las conversaciones que no llevan a ningún lado suelen ser más científicos: a mí me interesa la lógica, la matemática y la ciencia. Sin embargo, no me apresuro, me preocupo por las cuestiones de limitación y, muy concienzudamente, sobre lo que se puede afirmar de ellas y con ellas. "Verdad" es un término teológico, y en ciencia es más preciso -según yo entiendo- hablar de tipos de certeza y coherencia ajustada a determinado sistema. Yo no soy ningún fanático, soy, de hecho, muy positivista -que no positivo-.

Todos necesitamos -no nos merecemos- una oportunidad, todos necesitamos ser queridos y alguien a quien amar, pero eso no quita para que te entren los calores, te suba la presión sanguínea, abras bien los pulmones y clames al cielo exigiendo justicia con sangre -para luego sentirte como un mezquino por desearle mal a nadie-.