En el mes de agosto acudí a un concierto con mi amigo Rául en San Javier. Ahora recuerdo que era de Willy DeVille -me ha costado unos minutos-. Rául había quedado allí también con un compadre suyo y otros de sus amigos. Pues antes de entrar nos tomamos unos golpes en una cantina que hay en el jardín donde se ubica el teatro de San Javier -teatro o lo que sea; donde se hacen las actuaciones-. Hablando de los conciertos a los que habíamos ido cada uno, porque todos somos muy musicales -no melómanos-, hay que ver lo que nos gusta la música, que éste grabó un disco en los Estudios Tomi (culo), que aquél produjo a los bla bla bla... cada vez me interesa más, etc, etc... Así llegamos a recordar un concierto que dieron los Dr. Feelgood en el festival blues de la Torre de la Horadada -gratis, por cierto-. Me deshice en halagos para los Feelgood, y los amigos del amigo de Rául me miraron extrañados, pusieron voz de entendido que se desentiende, bastante despectivos -bueno, sólo uno de ellos, los otros amigos se abstuvieron pero apoyaron a su docto colega-, y arremetieron contra el grupo de mis sueños. ¿Cómo lo hicieron? ¿Qué argumentos sostuvieron? Nada más y nada menos que tocaron con una formación distinta a la original y, ¡por amor de Dios!, no tocó con ellos el gran Wilco Johnson, como tampoco estaba el cantante Lee Brilleaux, muerto por el jodido cáncer en el 94, el mismo día que el petimetre de Kurt Cobain (hay quien dice que este último lo único que hizo al morir fue fastidiarle el momento solemne al cantante de los Feelgood). Yo puse cara de no creérmelo y dije: "¿y qué?". Yo vi a Wilco Johnson en solitario y me gustó. Vi a los Feelgood sin él y se portaron -y conste que tenía reservas por el nuevo cantante-.

Tu cara hace un levísimo gesto de sorpresa. Los parpados bajan apreciablemente. Casi frundes el ceño. Tu boca emite sonidos que acuden de los abismos insondables del sentido común, ignorante éste de cuestiones intelectuales sacadas de las revistas "temáticas": ¿y qué?".

Me encantan Dr. Feelgood. Reavivan mis ganas de escupir en su fea cara a las mujeres-huevofrito (recordadme que explique esto en otro "post"), hacen que me guste la música, y para colmo, depués de hablar con el guitarrista Steve Walwyn, suplente de John Mayo -suplente, a su vez, del amigo Johnson-, supe que les gustaba el snooker y, en concreto, Jimmy White. Por amor de Dios, ¡qué mas puedo pedir! ¡A mí que más me da que no sea la formación original! ¿Qué tiene eso que ver con nada? ¿Seguía sonando o no como antiguamente? Qué prejuicios más tontos tiene la gente, por Dios, no como los míos, que de tontos son ya casi espaciales y vigorizantes. A estos les gusta más la RockdeLuxe, el Ruta66 y, en general, las publicaciones sobre el tema, que el tema (no voy a decir "el tema en sí", que ya se abusa mucho de eso en conversaciones ordinarias con pretensiones).

Una tarde. Jugando al billar. En el bar en cuestión también ponen el fútbol, en concreto el partido Barça-Sevilla. Mis amigos Galloil y Dhul-Carambo juegan mientras yo veo el partido, ya que no estoy en buena forma y el que gana permanece jugando. Pues unos trozos de carne con ojos que están sentados detrás mía gruñen sin ningún pudor cosas como: "Putos cabrones hijos de puta, catalanes de mierda maricones". A mi me llevan los demonios. Los sacaría del bar a puntapies o les partiría el taco que me regaló Dhul-Carambo en el costillar de cerdo de arrabal murciano que tienen. ¿Sabían ustedes, despojos inmundos, pistolillas ignorantes parecidos a metralla de cañón, sabían, digo, que hay zonas de Cataluña "invadidas" por murcianos gañanes como los que infectan esta tierra y, seguramente, todas las tierras fértiles del mundo conocido y planetas colindantes? Hay que ser hijo de puta maleducado y despojo humano.

El árbitro no pitó una falta contra el Barça... ¿y qué? Seguro que son del Madrid, no podía ser de otro modo. El Madrid, el equipo de los niños que hacen lo que dice su padre, el equipo de los niños que cuentan las hazañas de su padre, un padre que se rasca la barriga, que se arrima al sol que más calienta, un cochino canalla que duerme tranquilo, y unos niños que salen en manada a la calle a molestar cuando gana el Real Madrid. Desterrables.

Noche. Salimos Galloil, Dhul-Carambo y yo. A pasear, nada memorable. Charlar un poco y no más. Llaman a Dhul. Vemos a otra gente, nos enganchamos a esa otra gente. Aguanto más de la cuenta. Tengo el ojo un poco cansado porque me lo operaron hace un día. 3:30. "Vámonos, Galloil", "Vale", dice. Una chica de las del otro grupo -en nuestro grupo no hay; vaya, qué contrariedad y qué raro- hace carantoñas a Galloil para que se quede -sabiendo que he dicho de irnos- y éste, no lo culpo, cede. Yo me pongo de mala hostia, lo digo, me calman, y me hacen aguantar más de lo que no me sale de los cojones aceptar. Para colmo escucho un comentario de la necia en cuestión: "Mira, estrella del R'N'R". Me vuelven a llevar los demonios, y al paso que vamos, un día no me van a devolver. Me dan ganas de soltarle un mamporro a la tonta de las narices en toda su trompa de imbécil. Por favor, amables lugareños, decidme, ¿qué hostias tiene la puta noche de Murcia que no me conozca? ¿Qué hay tan maravilloso entre esta amable gente que se nos ha perdido y no logramos encontrar? ¿Qué se nos ha perdido en los bares? ¿Por qué no me puedo ir cuando me dé la gana? Yo no disfruto con los lugares comunes -sentido literal y figurado-.

Conclusión: la mierda cobra muchas formas debido a su carácter amorfo -pfffff-, digo plástico. En los dos primeros casos funcionaba el "y qué"; en el último sólo funcionan los gritos y el mal carácter. Hay gente que no tiene consideración, y por mí se pueden ahogar en alcohol de baratillo con Red Bull.

P.D.: ¿A vosotros os pasa esto?: "continuaciñon" o "quñe".